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domingo, 18 de diciembre de 2011

LA NACIÓN - ARGENTINA En Punta, la única queja es por los precios El balneario rebosó estos días de argentinos, pero a la hora de salir dominó el ma

LA NACIÓN - ARGENTINA
En Punta, la única queja es por los precios
El balneario rebosó estos días de argentinos, pero a la hora de salir dominó el mal humor: una comida puede costar entre US$ 50 y 150

En La Barra, hay algunas opciones más económicas para almorzar, pero, aun así, un almuerzo no baja de los 50 dólares por persona.

PUNTA DEL ESTE.- Si la convocatoria turística de este último fin de semana largo sirviera como vara para medir el futuro devenir de la temporada en estas playas, el Este no tiene de quÉ preocuparse.
El balneario lució rebosante de argentinos, estratégicamente repartidos a lo largo de los 35 kilómetros de playas y naturaleza agreste que separan José Ignacio del Puerto. En esa extensión, resultó difícil visualizar una aglomeración de gente. Salvo en La Barra, que se jactó del lleno total de su hotelería.
También en las arenas de La Mansa en José Ignacio, que guareció a la gran mayoría de argentinos empecinados en querer hacer playa durante un fin de semana con mayoría de jornadas soleadas, pero ventosas.
En el resto de la geografía esteña, hubo, en rigor, poca playa por la insistencia del viento. Aunque ello, en realidad, poco importó, ya que si bien más laxos, el Este mantuvo parte de sus ritos aun en pretemporada, cuando todo resultó más dé contracté, menos oneroso y no hubo margen para las "tiranías" fashion . Pero las ansias de intercambio social -parte medular de la identidad esteña- aquí continuaron a la orden del día.
Prueba de ello fue la incesante convocatoria de esa espontánea vidriera de excusa gourmet que es el parador La Huella, repetido punto de reunión durante todo el fin de semana largo. Salvo en horarios insólitos, conseguir una mesa allí adquirió la dimensión de una proeza, a pesar de que un almuerzo allí no cuesta menos de US$ 100 por persona.
El consumo gastronómico aquí es, en realidad, el punto más conflictivo de cara a la temporada y materia de queja constante entre los argentinos que ya se instalaron en estas playas para disfrutar del que muchos sindican como el mejor mes del año del Este uruguayo: diciembre.
A los ya instalados se les sumará los que llegan el 15, según prenuncian las reservas en hoteles y los avisos de los propietarios en los alojamientos esteños. Sumados, conforman un número nada desdeñable de adelantados o de iniciadores de temporada, seducidos por ritos muy diferentes a los del bullicio de las Fiestas.
Además, es gente que no está dispuesta a pagar los "precios excesivos de la temporada", según confiaron a LA NACION. Y se quejaron: "Es verdad que comer en Punta del Este nunca fue algo económico. Pero ahora hacerlo en uno de los tantos restó de moda ya abiertos a la noche es un verdadero prepuesto", disparó Alicia, una argentina que anteanoche cenó en el peruano Sipan. Como preámbulo de la velada -contó- pagó US$ 25 por un trago, US$ 45 por una entrada y 60 US$ por un plato de ceviche. "La cuenta sumó casi US$ 300 para dos. Así no se puede", dijo, tajante.
Ese tipo de quejas aquí se repitió más de la cuenta durante el fin de semana y se trasladó, sobre todo, a la ecuación calidad-precio: en no pocos lugares de La Barra y José Ignacio, por ejemplo, comer un chivito con un licuado, un postre, un agua y un café puede costar unos US$ 50.
Y en ese rango de precios, en rigor, se moverá el Este chic durante la temporada alta, en que las tarifas de alojamiento, además, trepan hasta un 200% más. Ello explica, en parte, la ya palpable preferencia por diciembre.
"Yo no le pongo ningún revólver en la cabeza a nadie para venir en Año Nuevo cuando tengo el hotel totalmente vendido", contó Rocío Fernández Alonso, del Hostal de La Barra.
El panorama muestra que dormir en la habitación más económica de un tres estrellas en La Barra costará desde US$ 350 por día y US$ 650 para un cuarto bien amplio con vista al mar. Hoy cuesta US$ 100 y 220, respectivamente.
Los precios de los alquileres en esa zona también son una brasa, según cuentan los argentinos: 13.000 dólares por los primeros 15 días de enero por un departamento de tres ambientes en Manantiales con vista al mar y seguridad. Esa última característica es hoy el mejor argumento de venta y se convirtió en un requisito enfático en un balneario que no ha perdido un ápice de encanto, pero sí algo de su antigua seguridad. Por eso hoy los departamentos se alquilan más rápido que las casas.
Ayer por la tarde, el malón de argentinos emprendió la retirada. El trajín en la ruta interbalnearia fue constante, tanto para la llamativa hilera de autos, detenidos en La Barra, como para los turistas imantados por el día nublado en una mayoría de negocios de ropa y de decoración ya abiertos.
Todos, sin excepción, se muestran expectantes ante el devenir comercial del balneario esta temporada de obligado cambio de reglas, con las restricciones al cambio de dólares. Por eso, nadie se anima a predecir si el poder de retención de la moneda estadounidense le ganará la pulseada a la eterna seducción del consumo que cobija una Punta del Este visiblemente encarecida.

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