Está la tecnología dañando nuestra comunicación?
El uso extendido de servicios como Facebook y Twitter, sumado al los mensajes de correo electrónico y los teléfonos móviles transformaron las formas de estar en contacto; riesgos y virtudes de este fenómeno
Por Rory Cellan-Jones | BBC Mundo
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Una familia en Filipinas envía mensajes de texto desde sus celulares. El uso extendido de dispositivos móviles e Internet transformaron la forma de comunicarse en todo el mundo. Foto: AFP
En un mundo de tweets y mensajes de texto, correos electrónicos y mensajes instantáneos... ¿Es nuestra comunicación mucho mejor? ¿Acaso la tecnología moderna nos está volviendo perezosos a la hora de hablar los unos con los otros, perjudicando tanto a la sociedad como a los negocios?
Éste fue el tema que mi editor, Victor Blank, me pidió que investigara.
Tan sólo contando con un breve explicación por correo electrónico, todavía no tenía muy clara esta tesis, hasta que hablé con él por teléfono, lo que me ayudó a entender su idea.
"La tecnología es una gran ayuda para la comunicación", me dijo, "pero si se eliminan la comunicación cara a cara o las conversaciones directas entonces pierdes los matices".
PREOCUPACIÓN
Blank, ex directivo en Lloyds TSB, parecía particularmente preocupado por el impacto que estos métodos modernos están teniendo en el mundo de los negocios, con ejecutivos enviando airados correos electrónicos, y haciendo tratos de los que podrían arrepentirse luego, en vez de ver el blanco de los ojos de sus homólogos en negociaciones cara a cara.
Ésta era una preocupación compartida por una persona que Blank sugirió como posible entrevistado. El exeditor del diario Times de Londres, Lord Rees-Mogg, me dijo que si hoy estuviera trabajando en el periódico por supuesto utilizaría los métodos más modernos. Sin embargo, sentía que mucha gente podría convertirse adicta al correo electrónico y a las redes sociales.
"Veo que a menudo los correos electrónicos se envían sin consideración, son más toscos que otros medios de comunicación, por lo que creo que son inferiores".
CORREOS ELECTRÓNICOS OBSOLETOS
Lo sorprendente es que ésta visión la secunden miembros de la firma tecnológica Atos, que ha decido abandonar el correo electrónico como herramienta de comunicación interna.
"El correo electrónico se ha convertido en una forma fácil de comunicación pero también una forma perezosa", dice Rob Price, socio directivo de Atos en Reino Unido.
Cualquiera que llega a su escritorio y descubre que le han enviado docenas de correos internos con ninguna relevancia se conformará con la situación. Pero Atos no está rechazando sistemas modernos de comunicación, simplemente reconociendo que una nueva generación ya piensa que el correo electrónico está algo obsoleto.
"El correo electrónico se ha convertido en una forma fácil de comunciación pero también una forma perezosa" Rob Price, socio directivo de Atos
Los recién llegados están acostumbrados a enviarse mensajes y a utilizar redes sociales, sistemas mucho más rápidos de comunicación.
Otra gran corporación reconoció que forzar a los empleados a estar siempre conectados tiene sus límites.
Volkswagen ha establecido en sus sistemas internos que Blackberry deberá dejar de enviar correos electrónicos a sus empleados 30 minutos después de finalizada la jornada.
Sin embargo, lo que necesitaba es realmente a alguien que hubiera analizado de forma científica el modo en que empleamos las tecnologías de comunicación.
TIEMPO PARA REFLEXIONAR
La doctora Monica Bulger, del Instituto de Internet de Oxford, en el Reino Unido, considera que las tecnologías de la comunicación nos han hecho más inteligentes.
Ejecutivos como Blank han aprendido de la llegada de las computadoras y los procesadores de textos. "Antes de su llegada, los ejecutivos dictaban los mensajes a las secretarias y hablaban por teléfono. Así que el uso de su tecnología ha mejorado su escritura".
Bulger admite que la comunicación cara a cara es importante, pero afirma que también tiene sus peligros.
"Me he sentado en reuniones donde la gente ha dicho cosas que no deberían". Sin embargo, los correos electrónicos te dan más tiempo a considerar lo que se dice: "puedes practicar la regla de contar hasta diez y pensar un poco antes de responder".
Sobre todo, la conclusión académica fue que las diferentes tecnologías disponibles ayudan más que dañan la comunicación. Aunque le preocupada lo que llamó una "sobrecarga de conocimiento o diluvio de datos".
UN COMPLEMENTO, NO UN REEMPLAZO
Dime algo nuevo. Siendo yo mismo adicto a las tecnologías, todavía me siento oprimido por la gran cantidad de correos electrónicos, mensajes de texto y actividad en redes sociales con las que tengo que lidiar cada día. No puedo imaginar cómo haría mi trabajo sin herramientas como Twitter. Aunque a veces me pregunto si me comunicaba mejor hace 30 años.
En mis días de estudiante, antes de la era del celular o el correo electrónico, solíamos simplemente aparecer en un lugar o encontrarnos en la calle, y todavía conseguíamos tener una rica y variada vida social y establecer amistades duraderas.
Así que decidí volver a la universidad para hablar con miembros de la actual generación Facebook .
Llamé a la puerta de la habitación de mi hijo, que estudia en la Universidad de Oxford, y le propuse ir a ver a algunos amigos de la habitación de al lado. Inmediatamente tomó su celular para enviarles un mensaje en lugar de caminar unos cuantos pasos.
Pero una vez que los reuní, los estudiantes me demostraron tener un matizado punto de vista sobre las comunicaciones modernas.
Uno de ellos casi nunca usaba las redes sociales y dijo que tan sólo se encontraba con la gente por la calle. Otro mencionó el peligro de estar obsesionado con Facebook al costo de la comunicación cara a cara.
Un tercero lo resumió todo para mi: "usas las redes sociales y las tecnologías modernas para encontrarte con la gente cara a cara, cuando de otra forma no los verías por semanas, porque quizás no te encuentres con ellos".
Acordamos que los nuevos medios de comunicación son un complemento, no un reemplazo, de los medios tradicionales.
¿Así qué le debo decir a Victor Blank? Me parece que su preocupación sobre el impacto del correo electrónico, las redes sociales y los mensajes instantáneos en nuestra habilidad de comunicarnos son un poco exageradas. Quizás necesitamos encontranos cara a cara para hablar de ello....
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domingo, 11 de diciembre de 2011
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Power is fast shifting from end users and software developers to operating system vendors.
WEDNESDAY, NOVEMBER 30, 2011BY JONATHAN ZITTRAIN Audio »
The PC is dead. Rising numbers of mobile, lightweight, cloud-centric devices don't merely represent a change in form factor. Rather, we're seeing an unprecedented shift of power from end users and software developers on the one hand, to operating system vendors on the other—and even those who keep their PCs are being swept along. This is a little for the better, and much for the worse.
The transformation is one from product to service. The platforms we used to purchase every few years—like operating systems—have become ongoing relationships with vendors, both for end users and software developers. I wrote about this impending shift, driven by a desire for better security and more convenience, in my 2008 book The Future of the Internet—and How to Stop It.
For decades we've enjoyed a simple way for people to create software and share or sell it to others. People bought general-purpose computers—PCs, including those that say Mac. Those computers came with operating systems that took care of the basics. Anyone could write and run software for an operating system, and up popped an endless assortment of spreadsheets, word processors, instant messengers, Web browsers, e-mail, and games. That software ranged from the sublime to the ridiculous to the dangerous—and there was no referee except the user's good taste and sense, with a little help from nearby nerds or antivirus software. (This worked so long as the antivirus software was not itself malware, a phenomenon that turned out to be distressingly common.)
Choosing an OS used to mean taking a bit of a plunge: since software was anchored to it, a choice of, say, Windows over Mac meant a long-term choice between different available software collections. Even if a software developer offered versions of its wares for each OS, switching from one OS to another typically meant having to buy that software all over again.
That was one reason we ended up with a single dominant OS for over two decades. People had Windows, which made software developers want to write for Windows, which made more people want to buy Windows, which made it even more appealing to software developers, and so on. In the 1990s, both the U.S. and European governments went after Microsoft in a legendary and yet, today, easily forgettable antitrust battle. Their main complaint? That Microsoft had put a thumb on the scale in competition between its own Internet Explorer browser and its primary competitor, Netscape Navigator. Microsoft did this by telling PC makers that they had to ensure that Internet Explorer was ready and waiting on the user's Windows desktop when the user unpacked the computer and set it up, whether the PC makers wanted to or not. Netscape could still be prebundled with Windows, as far as Microsoft was concerned. Years of litigation and oceans of legal documents can thus be boiled down into an essential original sin: an OS maker had unduly favored its own applications.
When the iPhone came out in 2007, its design was far more restrictive. No outside code at all was allowed on the phone; all the software on it was Apple's. What made this unremarkable—and unobjectionable—was that it was a phone, not a computer, and most competing phones were equally locked down. We counted on computers to be open platforms—hard to think of them any other way—and understood phones as appliances, more akin to radios, TVs, and coffee machines.
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